Herencia digitalUna de las principales barreras de entrada a las redes sociales, los blogs e internet en general que me manifiesta la gente más escéptica es la de la pérdida de la intimidad. Dicen que han escuchado, que alguien les ha dicho, que en la tele dicen, que según la prensa, esto de internet nos hace perder la intimidad. Que quedan en la red vídeos y fotos nuestros sin control. Que cualquiera puede leer cualquier cosa que escribas sacándola de contexto. Y que incluso se han enterado de que Google ha sacado “una cosa” que permite que cualquiera sepa dónde estás en cada momento. Mi respuesta ante este argumento es doble. En primer lugar, la respuesta evidente: en la red sólo pones lo que quieres poner. Es decir, nadie te obliga a escribir en Twitter TODO lo que haces. Sólo escribes lo que quieres que otros sepan que estás haciendo. Nadie te obliga a subir TODAS tus fotos a Flickr. Sólo subirás, y permitirás que vea cualquiera, las que a ti te apetezca. Google Latitude no le mostrará tu localización a TODO el mundo. Sólo a las personas que tú quieras y en los momentos que desees. Supongo que este argumento es obvio. Sólo harás público lo que quieras hacer público. El límite lo fijas tú. Hay gente que prefiere mostrar gran parte de su vida y otros que sólo exhiben una pequeña parte. Incluso, según la época en la que estés, el estado de ánimo, lo guapo o feo que te encuentres ese día, etc. mostrarás más o menos. Tú mandas. El segundo argumento para decirle a los escépticos que no es tan malo eso de subir contenidos personales a la red no es tan evidente. Les hago pensar en la suerte que tienen los herederos de los grandes escritores de la Generación del 98. Pueden leer lo que pensaban sus bisabuelos. A mí me gustaría saber lo que pensaban los míos y no tengo ningún escrito de ellos que haya llegado hasta nuestros días. ¿Y qué me decís de los bisnietos de Humphrey Bogart?. Ellos pueden ver vídeos de su bisabuelo. Yo me tengo que conformar con una foto muy mala del mío. Sin embargo, mis nietos siempre podrán ir a Google (o al buscador que haya en su época) y rastrear los contenidos que yo subí a la red. Podrán leer lo que escribí muchos años antes, podrán ver vídeos y fotos mías. ¿No os parece fascinante?. Debemos perder el miedo a subir contenidos a la red. Pueden llegar a ser una gran herencia para nuestros descendientes. Aprovechemos la oportunidad que nos da esta época. Subamos contenidos a la red y perdamos el miedo a que fluyan por la red.
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