La conversión de mis amigos extraterrestres 1


extraterrestres

Ya os he hablado varias veces de mis amigos extraterréstres. Esos que suelen abducirme 3 días a la semana y con los que voy de vez en cuando a dar una vueltecilla por el cosmos.

La verdad es que te lo pasas muy bien con esta gente (yo los llamo así porque me parece más amistoso que llamarles “bichos”, aunque se parecen más a bichos que a personas). Me encanta pasar las horas hablando con ellos porque tienen puntos de vista muy distintos a los de la mayoría de los humanos y siempre aportan argumentos muy interesantes en cualquier conversación.

El caso es que el otro día empezamos a hablar de cosas normales entre extraterrestres: si el sexo con humanos es asqueroso o placentero, lo congestionada de naves que está la Vía Láctea últimamente (ellos, entre bromas, la llaman “La Gran Vía”), si la piel queda más morena tomando el Sol o tomando la Andrómeda… Pero llegó un momento, no sé cómo, en el que mis amigos extraterrestres empezaron a hablar sobre lo crédulos que somos los humanos. Vamos, que nos lo creemos todo (que si las caras de Belmez, las religiones, las pulseras mágicas…). ¡Tócate los cojones, Mari Loles! Ahora resulta que mis amigos extraterrestres son excépticos. Vamos, que defienden a muerte el método científico para buscar explicación a cualquier cosa.

Os puedo asegurar que estuvimos horas y horas hablando sobre este tema. Más que hablando, yo diría que estuvimos discutiendo. Yo les hacía ver que no podían ponerse del lado de la ciencia cuando en su planeta todas nuestras teorías científicas habían quedado obsoletas. Y, sobre todo, no era lógico que criticasen a los que creen en fenómenos como los extraterrestres cuando ellos son el mejor ejemplo de que los contactos con seres de otros planetas son reales.

Pues bien, después de una larga discusión, tengo que decir con gran orgullo que finalmente les convencí. Debo confesar que esperaba que una civilización tan avanzada como la suya tuviese argumentos más poderosos que los que usaron (que Iker Jiménez tiene cara de estar mintiendo, y cosas así). Pero no, yo solito fui capaz de cambiar la manera en la que piensa todo un planeta.

Después de esa conversación, mis amigos se hicieron con un cargamento de pulseras mágnéticas, crucifijos y vídeos con varios programas de Iker Jiménes (aunque nos costó encontrarlos en VHS que es lo que usan allí) y se fueron a “evangelizar” a sus congéneres. Con lo fácil que se les convence, estoy seguro de que ahora mismo ya tenemos un nuevo planeta de creyentes.

Esto sólo es el principio. ¡Que tiemble el Universo!


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