La napolinata de chocolate y mi intimidad

datePublicado el 2 abril 2009 por Rafa Osuna
email

Los que escribimos un blog (o tenemos un podcast o videoblog) somos vistos como personas a las que nos gusta contar todo lo que nos pasa. Que guardamos poco para la intimidad.

Algo parecido se dice con los que usan Twitter. Eso de contar a todas horas lo que haces es, según muchos, una renuncia a la intimidad propia.

Sin embargo, no estoy en absoluto de acuerdo. Al menos yo, en mi blog, en mi Twitter, en mi podcast, en mi vida online, sólo cuento lo que quiero contar. Tengo mis límites y hay cosas que no me da la gana contar. Es más, hay momentos en los que me gusta disfrutar de hacer nimiedades, cosas sin importancia, pero hacerlas sin tener que rendirle cuentas a nadie.

Por ejemplo, hasta hace un par de días solía aprovechar a media mañana para dar un paseo por el centro de Valencia y, al pasar por al lado de una heladería-pastelería, me compraba una napolitana de chocolate que disfrutaba mientras me dedicaba sólo a pasear. Sin Twitter, sin ordenador. Sólo la napolitana de chocolate y yo.

Sin embargo, las cosas han cambiado. El otro día desvié mi paseo matutino y, por lo tanto, no compré la napolitana de chocolate. Al mediodía, decidí ir a comer a un restaurante donde no pedí postre y, a la salida, como estaba cerca, decidí pasarme a por mi napolitana de chocolate. Como no me la había tomado a media mañana, me apetecía mucho tomarla de postre.

Cuando llegué y, como de costumbre, sin más, pedí “una napolitana de chocolate”, la dependienta que siempre había respetado mi intimidad (“mi napolitana de chocolate y yo”, nada más) soltó una frase que me dejó de piedra: “¡Esta mañana no ha venido a por su napolitana!”.

Supongo que lo haría para mostrar simpatía tras una temporada viéndome como cliente habitual pero lo que yo vi fue una violación a mi intimidad. ¡Me estaban controlando!. ¡Sabían cuándo iba a por mi napolitana y cuándo no!.

En ese momento supe que todo se había acabado. No he vuelto a ir a esa heladería-pastelería. Posiblemente no encontraré otras napolitanas de chocolate tan buenas. Se acabaron esos paseos en la intimidad: mi napolitana de chocolate y yo. Solos.

Pero, desde luego, lo que no voy a consentir es sentirme vigilado, controlado.

Hay momentos en los que mi intimidad es lo primero.



Si te ha gustado esta entrada, puedes suscribirte al blog para recibir todos los nuevos contenidos que se publiquen. Suscríbete usando un lector de feeeds (como Google Reader), recibe las actualizaciones por correo electrónico o síguenos en Facebook o Twitter.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Entradas Relacionadas:

  1. Fotos del viaje a Bruselas Como os contaba recientemente, he vuelto a Bruselas. Se ha tratado de un viaje rápido...
  2. Herencia digital Una de las principales barreras de entrada a las redes sociales, los blogs e internet...
  • Pingback: Bitacoras.com

  • Ramón Rey Vicente

    ¡que gran razón tienes!

    Cada uno cuenta lo que cree oportuno, eso lo primero, pero la privacidad precisamente está en que es lo que uno quiere contar y que se sepa. Cuando tienes blog, podcast, twitter, cuentas muchas cosas y das pistas de como eres, pero realmente nunca dices aquello que pertenece a tu intimidad. La linea que separa lo publico de privado la pone cada uno en un lugar, pero siempre existe.

    Que peligro si contáramos de verdad TODO lo que nos pasa o lo que pensamos/sentimos… seriamos Borg y no humanos :)

  • el_Vania

    Sí, es cierto… pero matizable, caray… yo creo que era en plan 'gancho' para hacerte asíduo a la pastelería en cuestión. Es como mi carnicero, que desde el primer día sabe mi nombre… amén del de toda la clientela. Es flipante. Pero ese trato próximo y humano es el que en una gran superficie no encuentras.

    Si admites un consejo, mañana compra napolitanas para vos y toda la familia.

    Salud/OS!

    PD: Y me ha entrado el hambre!!

  • http://www.elultimoblog.com Rafa Osuna

    No, si ya sé que lo hacía con buenas intenciones. Pero yo me sentí controlado. Controlan cuándo compro napolitana y si no lo hago, me lo recuerdan.

    No, no me gusta. Como no me gusta los taxistas que se ponen a hablar contigo sin que tú les hayas dado pie a ello. Hay momentos, por "tontos" que sean, en los que me gustaría ser invisible.

  • http://www.proyectoautodidacta.com/ Iván Lasso

    Como dice Ramón, la línea entre lo privado y lo público la pones tú. Pero más allá de eso, estoy completamente de acuerdo con lo que dices. Y mira que es una pijadita, una tontería de nada, pero jode. Como por ejemplo, cuando vas a comer a un sitio y siempre pides una Coca Cola, por ejemplo, y un buen día el camarero te añade: "Y una Coca Cola, ¿no?", que te dan ganas de decirle: "Pues mire usted, NO". Sé que, como dices, es con buenas intenciones, pero comparto contigo eso de que jode, de que parece que te controlan. Y comparto también lo de los taxistas y otros que se ponen a hablar contigo: ahí funciona contestar con monosílabos.

  • http://www.lyur123.zobyhost.com/ lyur123

    Lo que me parece una pena es el perder esas napolitanas… yo soy de los que están a gusto cuando "me conocen",

    aunque comprendo tu punto de vista, pero es que perder una napolitana bien hecha casi es delito.

    Tampoco hay que no volver nunca mas, solo, visitar la tienda de forma mas caótica, de manera no regular, y no todos los días. Se que no es lo mismo, y que ni así se recupera tu "momento napolitana" como antes, pero tampoco tendrás una perdida al 100%, de vez en cuando también puedes volver a disfrutar de ese momento, sino en plenitud, en gran parte.

    (que hambre me has dado)

  • http://gohaninengland.wordpress.com Gohan

    La experiencia de la napolitana, la pastelera indiscreta y tú parece salido de la mente de larry David jeje.

    Por lo demás es cierto que en la red contamos lo que queremos, o lo que nos interesa. Por eso me cabrea tanto cuando alguien te da consejos cuando no te conocen de nada, ya que el perfil 2.0 no es mi verdadera persona, digamos que está incompleta.