La napolinata de chocolate y mi intimidadLos que escribimos un blog (o tenemos un podcast o videoblog) somos vistos como personas a las que nos gusta contar todo lo que nos pasa. Que guardamos poco para la intimidad. Algo parecido se dice con los que usan Twitter. Eso de contar a todas horas lo que haces es, según muchos, una renuncia a la intimidad propia. Sin embargo, no estoy en absoluto de acuerdo. Al menos yo, en mi blog, en mi Twitter, en mi podcast, en mi vida online, sólo cuento lo que quiero contar. Tengo mis límites y hay cosas que no me da la gana contar. Es más, hay momentos en los que me gusta disfrutar de hacer nimiedades, cosas sin importancia, pero hacerlas sin tener que rendirle cuentas a nadie. Por ejemplo, hasta hace un par de días solía aprovechar a media mañana para dar un paseo por el centro de Valencia y, al pasar por al lado de una heladería-pastelería, me compraba una napolitana de chocolate que disfrutaba mientras me dedicaba sólo a pasear. Sin Twitter, sin ordenador. Sólo la napolitana de chocolate y yo. Sin embargo, las cosas han cambiado. El otro día desvié mi paseo matutino y, por lo tanto, no compré la napolitana de chocolate. Al mediodía, decidí ir a comer a un restaurante donde no pedí postre y, a la salida, como estaba cerca, decidí pasarme a por mi napolitana de chocolate. Como no me la había tomado a media mañana, me apetecía mucho tomarla de postre. Cuando llegué y, como de costumbre, sin más, pedí “una napolitana de chocolate”, la dependienta que siempre había respetado mi intimidad (“mi napolitana de chocolate y yo”, nada más) soltó una frase que me dejó de piedra: “¡Esta mañana no ha venido a por su napolitana!”. Supongo que lo haría para mostrar simpatía tras una temporada viéndome como cliente habitual pero lo que yo vi fue una violación a mi intimidad. ¡Me estaban controlando!. ¡Sabían cuándo iba a por mi napolitana y cuándo no!. En ese momento supe que todo se había acabado. No he vuelto a ir a esa heladería-pastelería. Posiblemente no encontraré otras napolitanas de chocolate tan buenas. Se acabaron esos paseos en la intimidad: mi napolitana de chocolate y yo. Solos. Pero, desde luego, lo que no voy a consentir es sentirme vigilado, controlado. Hay momentos en los que mi intimidad es lo primero.
Si te ha gustado esta entrada, puedes suscribirte al blog para recibir todos los nuevos contenidos que se publiquen. Suscríbete usando un lector de feeeds (como Google Reader), recibe las actualizaciones por correo electrónico o síguenos en Facebook o Twitter. Entradas Relacionadas:
|
Pingback: Bitacoras.com