Me han denunciado ante la SGAEPues sí, como lo leéis: me han denunciado ante la SGAE. Hoy mismo he recibido una notificación de la entidad de gestión de derechos de autor en la que me indican que he sido denunciado por una persona por “incumplir el artículo 20.2 del Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril, por el que se aprueba el Texto Refundido de la Ley de Propiedad Intelectual, al haber realizado una comunicación pública de una o más obras sin el previo permiso del autor o de la entidad gestora del mismo”. Y lo que más me jode no es que la SGAE me haya pillado. Si he incumplido la ley (cosa que habrá que demostrar) tendré que pagar por ello. Lo asumo. Lo que más me jode es que sé quién me ha denunciado. Y es un vecino mío. Un vecino con el que me cruzo en el ascensor muchos días y que, irremediablemente, volveré a cruzarme tras esta denuncia. Lo hace por envidia, lo sé. Lo hace porque mis geranios son los más frondosos y bonitos mientras que los suyos no le duran nada. Se le mueren a la semana de plantarlos. Siempre. En la notificación de la SGAE viene detallado el motivo por el que he sido denunciado. Resulta que hace un mes más o menos estaba tan contento por lo bien que iban mis geranios que me puse una canción de Fito y Fitipaldis en el Spotify y seguí el ritmo con el pie. Seguí el ritmo tan bien que mi vecino, desde su casa (ya se sabe lo delgados que son los tabiques en las casas modernas) pudo acceder a la canción (creo que era “Soldadito Marinero”) con total claridad. No pudo soportar la envidia que le corroía (eran los sextos geranios que se le morían a él mientras los míos estaban mejor que nunca). Y me denunció. Y, por supuesto, según la SGAE, eso de transmitir una canción, aunque sea con el pie, pudiendo escucharla otros es una “comunicación pública de una obra con derecho de autor”. Mira que yo me cuidé mucho de tararear la canción para que no me oyese el vecino porque sabía que podía ocurrir algo así. Lo de cantar en la ducha también hace tiempo que lo había abandonado. Pero si el otro día, incluso, llegué a reprender severamente a mi hijo por cantar (fatal, eso sí, pero cantar) la sintonía de Ben 10. Sin embargo, lo del pie no lo tenía previsto. Tengo que reconocer que ahí mi vecino me ha ganado. Si tengo que pagar a la SGAE, pagaré. Lo asumo. Eso sí, a partir de ahora, a modo de venganza, cada vez que me encuentre en el ascensor con mi vecino, pienso acercar mis labios lo más cerca posible de su oído y silbar todas las melodías Creative Commons que se me ocurran. ¡A ver qué puede hacer contra eso!. Foto: Shht! con licencia Creative Commons
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